oso polar

El deshielo de los polos: Fama, tristeza y noticia

El calentamiento global es un tema que tiene décadas en el tapete. En él se han centrado análisis científicos, programas de televisión y discursos políticos. La fama de Al Gore es, en gran parte, producto de su video titulado “An Inconvenient Truth”, o una verdad incómoda en español, en el que habla del calentamiento y el deshielo de los polos. Es en este segundo punto en el que me interesé hoy. Es sorprendente como zonas en las que antes las temperaturas no subían de 0 grados, ahora se encuentran con 5 y hasta diez grados; como las capas de hielo ahora tienen un 20% menos de extensión y los osos polares no tienen ni donde colocar una pata. Nadie sabe muy bien qué hacer y todos prefieren darse la vuelta y echarle la culpa al vecino, dejando que nos quedemos sin glaciares y que con ello mueran cientos de especies (probablemente el Titanic se esté regodeando diciéndole a los icebergs que el karma existe). Es sorprendente la cantidad de videos donde vemos como los osos se aferran al último pedazo de hielo en kilómetros a la redonda, como un náufrago se aferra a una tabla en medio del mar embravecido. Se calcula que para el año 2100 los polos hayan desaparecido, arrastrando consigo las especies que en ellos habitan. Los osos polares comenzarían a engrosar la lista de “dinosaurios” y probablemente se tendrían que conformar con un sitial de honor en los museos de historia natural, con una placa bajo su disecado cuerpo que diga a manera de epitafio “Aquí está el último oso polar del mundo. Murió en cautiverio después de que los polos desaparecieron por completo. Introduzca una moneda si lo quiere ver cantar” (porque con lo cínico que es el ser humano, cualquier cosa se puede esperar). Tengo que confesarles que me interesé por esto cuando vi la noticia de una osa polar que tuvo que nadar 9 días seguidos casi 700 kilómetros, para conseguir un témpano de hielo donde poder descansar. En el recorrido perdió a su cría, que no aguantó la travesía, y el 20% de su peso, lo que la dejó al borde la muerte. Y lo triste del caso es que no lo vemos como algo de “pobre osa”, sino que lo vemos como “¡Oh, ésta pudo nueve días! ¿Y la siguiente? ¡Hagan sus apuestas señores! ¿10, 12? “. Aquí es cuando decimos: “Es que yo no la maté”. O sea, ella pierde su casa por el CO2 ¿Sabes? ¿Y sabes de quién es la culpa del CO2? De los carros, las industrias y sí, hasta de las vacas, pero eso ya será otro punto. Descargada mi ira los dejo continuar en paz con sus vidas.

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